No sabíamos si la volvería a ver en persona. Ecuador acababa de decretar un toque de queda estricto que impedía la movilización interprovincial. Guayaquil vivía una de las peores crisis sanitarias en su historia. Yo me encontraba en la ciudad capital y la mitad de mis tías en el continente europeo.

Conservemos sus historias

Las llamadas diarias a través de nuestro chat grupal se volvían un hábito. Manteníamos el espíritu arriba, sin dejar de ser realistas, nos agarramos firmemente de ese humor que es nuestra mejor compañía en familia cuando la tristeza intenta nublar el juicio. En las llamadas, las tías que vivían en Italia desde la crisis del 99 daban su reporte y nosotros también. 

Al mismo tiempo, empezaba mi programa de certificación como Coach y como esas casualidades (que no son casualidades) mágicas, empezamos a estudiar los juicios maestros, las creencias heredadas: aquellas creencias que ya sea como colectivos o como individuos las hemos tomado como ciertas y hemos dejado que conduzcan nuestras vidas. 

Jamás había tenido tal proximidad con mis tías como la que proporcionó aquél hábito de llamarnos a diario. Jamás les había permitido acercarse tanto a mi ser, a mi historia, quizás por el miedo a ser rechazado o excluido. Como familia, jamás nos habíamos permitido tal proximidad intergeneracional. Luego me daría cuenta que esta desconexión no era solo de mi familia sino colectiva. ¿Qué pasó con contarnos historias para que las generaciones aprendan de ellas? La violencia de género, el enfoque obsesivo en la productividad, el miedo y sobre todo, muy sobre todo, la vergüenza nos callaron.

Mi entrenamiento como coach me proveía de distinciones que me permitían escuchar más a fondo los relatos de mis tías y veía un poder muy sanador en este ejercicio: al escuchar los juicios que las gobernaban, también escuchaba los míos y poco a poco me daba cuenta que no me pertenecían. 

Decidí entonces ir un paso más atrás, ponerme el traje de detective pero también un rol de autosanación y recoger las memorias de mi abuela antes de que sea demasiado tarde. Parte de mi inspiración nació al encontrarme con el libro “Grandma Tell me Your Story” y “Crossing Boundaries” de Aziz Abu Sarah, que te invitaba a viajar desde cualquier lugar del mundo al interesarte en las historias de los que te rodean. Al final, este espacio llegó a ser mucho más que eso y espero que lo sea para ti también, quien ahora lee esto. 

A través de las entrevistas rescataba la memoria de una guerrera, una migrante, una madre, una mujer, una enamorada, una aventurera. Me enteraba de crisis políticas, de relatos de resiliencia, de sorpresas y de misterios. Al escuchar a mi abuela entendía mucho más a mi mamá y a mis tías. Estoy seguro que mis tías al escuchar a su madre también lograron entender de dónde vinieron muchas de las creencias que ahora sostienen. Mi abuela no sale mucho de su casa, no quiere tampoco mudarse, pero si supieras que la última vez que se mudó de casa fue una migración forzada, expulsada por bombardeos, en una balsa y que casi muere ahogada desarrollando un temor al mar, bueno...quizás tu tampoco quisieses moverte de la tuya de nuevo.

Entrevistar a mi abuela también es un acto de protesta y resistencia en una sociedad que les quitó y les quita a nuestras mujeres su voz. No creo que mi abuela me haya dicho todo lo de su vida, quizás y algunas cosas ya ni recuerda, pero tampoco creo que esto sea del todo voluntario. Quizás al hacer estas entrevistas, y más aún si me acompañas, logremos enmendar aunque sea un poquito esta censura. 

A menudo pienso que América Latina no tiene memoria. Lo que antes era un hábito, documentar nuestra vida y pasarla a nuestras generaciones para que les sirva de abono, ahora se perdió por estar ocupado violando nuestras tierras y exportando su sangre para el consumo de otros. Es una ceguera colectiva que solo ve la luz de nuevo cuando rompe su silencio. Te invito a romper este silencio, a abordar estas entrevistas como un detective, a escuchar, a sentir, a conectarte con ese “darte cuenta” que se genera tu alma que, al escuchar la memoria de tus ancestros, recuerda, sana. Te invito a aportar a nuestra región con esta memoria que necesita para despertar y a retomar la transición del cuentacuentos para que la conexión con nuestra experiencia en vida se nutra y sea finalmente, nuestra.

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Joseph J. Solis es escritor, coach y experto en marketing digital quien actualmente está trabajando en una novela inspirada en una historia real de una familiar sobreviviente de una red de trata de personas con fines de explotación sexual. La novela profundiza en la violencia sexual y de género, el perdón y la sanación familiar intergeneracional.

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